Los chistes como herramienta para fomentar la expresión oral. (Euskera)

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Introducción

Durante los años de experiencia docente en la enseñanza de idiomas (fundamentalmente en la enseñanza de lenguas no maternas) habíamos detectado varios problemas bastante recurrentes:

  • la expresión oral era la destreza menos trabajada en las clases. Por falta de tiempo, por falta de recursos, por imperativos de los "contenidos" que había que trabajar en cada curso escolar, porque no es una destreza sujeta a evaluaciones externas (selectividad, diagnóstico, PISA), etc.
  • había un número importante de alumnos que no "producía" nada oralmente en nuestras clases. En gran grupo se inhibían (timidez, falta de confianza, poca autoestima) y en pequeño grupo utilizaban siempre el idioma materno. Cuando hablaban se limitaban a "recitar" estructuras sencillas aprendidas de memoria.
  • cuando intentábamos trabajar la expresión oral veíamos que, en muchas ocasiones, los alumnos se aburrían. Tenían que escuchar mucho, a distintos compañeros, al profesor, pero el tiempo que les quedaba para hablar era muy limitado.


En las reuniones de departamento, de ciclo, hablábamos del tema y buscábamos soluciones. Teníamos claro que para un correcto aprendizaje de un idioma la expresión oral es fundamental, posiblemente la destreza más importante.

Este es el primer chiste del libro castellano-euskara.

Enfoque

En estas reuniones consensuamos un enfoque común, un punto de partida en el que todos situarnos y empezar a dar pasos en la misma dirección. Dicho enfoque dice que para un correcto aprendizaje de una lengua necesitamos tres "patas" para asegurar el aprendizaje. Evidentemente, hacen falta unos contenidos mínimos para poder entender el idioma. Son muy importantes: el alumno que siente que "controla" el idioma está más atento, busca el sentido general de lo que se le dice. El que no "controla" se atasca en cualquier palabra, "desconecta". A través de los libros de texto, fichas preparadas, material multimedia, etc., podemos ir trabajando esos contenidos. Habitualmente es lo que más se trabaja, lo que resulta más "cómodo" de preparar, en lo que encontramos más recursos. Pero sólo con esto no conseguimos nuestro objetivo.

Para aprender un idioma hay que "querer aprender". Si hay que forzarles continuamente no llegaremos muy lejos. Hay que crear dinámicas variadas y atractivas para ellos. Hay que fomentar en ellos la ilusión por aprender. La motivación se vuelve esencial en el aprendizaje de cualquier idioma (y de cualquier asignatura).

Y, por último, necesitan que les demos oportunidades para que se expresen, para que practiquen lo que van aprendiendo. Cada alumno tiene que "producir" algo todos los días. Y algo distinto. No vale repetir todos los días lo mismo. Un idioma se aprende utilizándolo y, en la situación actual, hay muchos alumnos que sólo lo hacen cuando se les fuerza a ello. En todas nuestras clases hay alumnos que, por timidez, falta de atrevimiento o dinámicas poco apropiadas producen muy poco (sobre todo en un idioma no materno). Y vemos que les resulta mucho más fácil para ellos "producir" entre sus compañeros, en pequeños grupos. Por tanto es importante que fomentemos las actividades en pequeño grupo: les da oportunidades, seguridad y motivación.

Despliegue

Y concretamente para potenciar la expresión oral en euskera e inglés (idiomas no maternos que se imparten desde infantil) decidimos cambiar la metodología y estructura normal de nuestras clases de idiomas. Acordamos dedicar los 10-15 minutos de cada clase a trabajar la expresión oral. En ese intervalo realizaríamos pequeños teatros para que escenifiquen por parejas, jugaríamos a juegos de expresión oral en pequeños grupos, les contaríamos chistes para que luego se los cuenten entre ellos, etc

Y nos pusimos a ello. Desde un primer momento vimos que esta nueva dinámica producía resultados muy satisfactorios, que las clases se hacían más amenas, todo el alumnado "producía" todos los días y la expresión oral se trabajaba todos los días sistemáticamente.

Y dentro de estas actividades la que más éxito y demanda ha tenido y tiene entre ellos es la actividad de contar chistes. Así pues decidimos sistematizarla, poner todos los chistes en común y ponernos de acuerdo en la forma de trabajarlos.

Experiencia educativa concreta

Nos centramos en el primer ciclo de educación primaria y comenzamos a escribir todos los chistes que sabíamos y que pudieran adaptarse a estas cuatro premisas:
1.- chistes "blancos"
2.- chistes sencillos y cortos (si puede ser)
3.- chistes fácilmente traducibles al euskara o inglés
4.- chistes en los que hubiera un dialogo entre dos personas.

Y concretamos una dinámica de actuación con esta "herramienta" basada en principios del Aprendizaje Cooperativo": todos participan, se crea cohesión de grupo, interactúan entre ellos, se ayudan unos a otros.

Así, decidimos que primero el profesor cuenta el chiste al grupo entero y lo explica bien. Es muy importante darle todo el énfasis posible, exagerar al máximo los gestos, la pronunciación. Hacerlo lo más atractivo posible para ellos. Tras esta explicación se eligen dos personas de la clase para que lo escenifiquen delante de los demás (normalmente el "maquinista" del día y el ayudante, para que sea rotativo). Una vez visto por todos como se puede hacer se les coloca por parejas (o se colocan ellos como quieren) y se les pide que escenifiquen el chiste dos veces cambiándose el personaje (siempre son dos). Si el chiste es corto y hay tiempo se les pide que cambien las parejas y repitan la escenificación.

Cuando se termina esta dinámica cada uno se va a su sitio y se continua con la clase, aunque se les insiste en que tienen que contar el chiste en casa (a padres, hermanos, familiares, etc).

Por último se elige alguna de las frases del chiste para que sea la "contraseña" del día, una contraseña que tendrán que contar al profesor al acabar la clase (para aligerar el tiempo que hace falta para que todos digan la contraseña, todos los que la van diciendo bien se convierten en ayudantes y colaboran escuchando las contraseñas de los compañeros).

Tras estas reflexiones y búsquedas conseguimos recopilar 50 chistes que cumplían los requisitos o los adaptamos para que los cumplieran. Los tradujimos al euskara y al inglés, para poder usarlos indistintamente en todas las clases de asignaturas lingüísticas.
Con esta recopilación empezamos a trabajar y vimos que los resultados eran particularmente buenos. No es que fueran especialmente graciosos, no es que provocaran grandes carcajadas, pero la dinámica de entenderlo, contarlo a los compañeros y en casa les gustaba, les motivaba. Resultaba curioso observar la cantidad de veces que van repitiendo las estructuras o los diálogos al ir al recreo, en los descansos, en clase.

Vimos que todos los alumnos "producían" cosas diferentes todos los días, que el chiste era recibido con "bienes" o con "yupis", que las familias comentaban lo buenos o no tan buenos que eran los chistes que contaban en casa. Vimos que los chistes se convertían en una herramienta eficaz para fomentar la expresión oral.

Y decidimos dar un paso más. Tras recibir muchas aprobaciones y muchos reconocimientos a esta recopilación decidimos publicar los chistes y ponerlos al alcance de todo el profesorado, de las familias, de la sociedad en general. Y los hemos publicado en un doble formato: un libro con los chistes en castellano y en euskara y otro con los mismos chistes en inglés y castellano.

Creemos que es una buena herramienta, muy práctica, muy sencilla, muy aprovechable. Creemos, también, que este tipo de iniciativas hay que "exportarlas", hay que "socializarlas" para que puedan servir como apoyo y como ayuda para esta labor tan apasionante que es la EDUCACIÖN. Porque en la educación participamos todos y todas las buenas "herramientas" son bien recibidas.

"Hace falta la tribu entera para educar a un niño"
Proverbio africano.